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Ormuz se cierra de nuevo: petróleo al límite, Wall Street en alerta y el dólar como única certeza

  • hace 4 días
  • 7 Min. de lectura




El Estrecho de Ormuz vuelve a cerrarse: las negociaciones de paz fracasan y el petróleo dispara



El brevísimo paréntesis de distensión que había ofrecido la semana pasada terminó el viernes por la noche. Irán anunció el cierre del Estrecho de Ormuz por segunda vez desde el inicio del conflicto, citando el fracaso de las negociaciones mediadas por Qatar y el incumplimiento de condiciones que Teherán había impuesto como prerequisito para cualquier acuerdo. El impacto llegó de inmediato a los mercados: el WTI abrió el lunes con un salto de 5.2%, perforando de nuevo los tres dígitos, mientras el Brent para entrega en junio cotizó en $104.80 en los primeros intercambios en Asia.


Desde una perspectiva estructural, este segundo cierre tiene consecuencias más severas que el primero. En el intervalo entre los dos episodios, los inventarios estratégicos de las economías importadoras —especialmente en Europa y Asia— no lograron reponerse al nivel previo a la crisis. Japón y Corea del Sur operan con coberturas de entre 45 y 60 días, insuficientes para absorber un cierre prolongado sin recurrir a sustitutos más caros. India, que había diversificado parte de su suministro hacia Rusia y Venezuela, tiene algo más de margen, pero el volumen no alcanza para compensar por completo.


Arabia Saudita activó inmediatamente sus oleoductos terrestres hacia el Mar Rojo — la infraestructura construida precisamente para este escenario —, pero la capacidad instalada de esa ruta cubre apenas 7 de los 17–20 millones de barriles diarios que transitan habitualmente por el Estrecho. La brecha residual es el número que el mercado está intentando valorar esta semana. Los analistas de Goldman Sachs publicaron un escenario adverso el domingo por la noche que proyecta precios del Brent entre $115 y $130 si el cierre se extiende más allá de dos semanas. Un cierre de cuatro semanas, señalaron, podría llevar a niveles sin precedente en la historia del mercado moderno.


Para el trader, el escenario más relevante no es el nivel absoluto del petróleo sino el comportamiento del spread entre los contratos futuros y el físico. El Brent físico de entrega inmediata en Rotterdam ya cotiza con una prima de $8–10 por barril sobre el papel, señal inequívoca de stress real en la cadena de suministro. Esa prima es el barómetro más honesto de lo que está ocurriendo en el mercado real, más allá de los movimientos de pantalla.


MarketWatch — 20 de abril de 2026





Wall Street en modo defensivo: futuros del S&P 500 y Nasdaq abren con caída sostenida



La reapertura del conflicto encontró a Wall Street en un momento particularmente delicado: la semana pasada el mercado había comenzado a construir un caso alcista basado en la esperanza de que las negociaciones prosperarían. Las posiciones se habían orientado hacia ese escenario, y la inversión del domingo por la noche genera ahora el efecto opuesto al de la semana anterior — los que habían comprado en el alivio geopolítico están saliendo al mismo tiempo, amplificando el movimiento bajista.


El VIX, el índice de volatilidad implícita del S&P 500, superó los 28 puntos en los contratos del lunes, territorio que el mercado venía evitando desde el pico de pánico de marzo. Por encima de 30, la experiencia histórica indica que los movimientos intradía se vuelven impredecibles — el mercado oscila con violencia ante cada titular, sin que los niveles técnicos ofrezcan el soporte habitual. Ese umbral es el que los gestores de riesgo están monitoreando con más atención esta semana.


El patrón sectorial que emerge en el premarket es instructivo. Los sectores más expuestos al ciclo económico — tecnología, consumo discrecional, industriales — lideran las caídas. Por el contrario, utilities y salud muestran flujo comprador, una rotación clásica de risk-off que sugiere que la reacción inicial no es de pánico sino de reposicionamiento defensivo. La diferencia importa: cuando el mercado entra en pánico real, no hay refugio dentro de las acciones — todo cae al mismo tiempo. El patrón actual se parece más a una corrección ordenada, al menos por ahora.


El calendario de resultados corporativos añade una capa de complejidad adicional. Alphabet, Tesla y Meta publican sus cifras trimestrales esta semana, en lo que probablemente sea la semana más cargada de la temporada de resultados. En condiciones normales, estos eventos dominan la narrativa del mercado. Esta semana, sin embargo, cualquier buena noticia en los resultados deberá competir con el ruido geopolítico para mover los precios. Los analistas de JPMorgan anticipan que el mercado exigirá sorpresas positivas especialmente grandes para que las acciones individuales puedan separarse del movimiento del índice.


CNBC / Yahoo Finance — 20 de abril de 2026





OPEP+ y el dilema de Riad: el rublo se aprecia mientras el mercado energético se fragmenta



En el universo paralelo que es el mercado energético de esta crisis, Rusia ocupa un lugar peculiar. El rublo se ha apreciado con fuerza en las últimas semanas, impulsado por los altos precios del petróleo y por las exportaciones a precios de descuento que Moscú ha logrado canalizar hacia Asia. El gobierno ruso anunció el jueves pasado que está evaluando una vuelta anticipada al mercado de divisas, una señal de que las reservas del banco central han alcanzado niveles de comodidad que permiten reducir los controles de capital implementados al inicio del conflicto.


La ironía del escenario no escapa a los analistas: la guerra que comenzó con sanciones occidentales a Rusia ha terminado, al menos en el corto plazo, beneficiando a Moscú. El crudo Urals, que se vende con un descuento de $15–20 por barril sobre el Brent, sigue siendo suficientemente atractivo para China e India — que juntas absorben el volumen que Europa rechaza. Con el Brent por encima de los $100, el precio efectivo que Rusia recibe sigue siendo históricamente elevado. Las cuentas externas rusas se ven más sanas hoy que hace seis meses.


Arabia Saudita enfrenta un dilema de política más complejo. El petróleo caro engorda los ingresos del fondo soberano y financía Vision 2030, pero Riad sabe por experiencia que los precios por encima de los $110–120 deterioran la demanda global con rezago de 12 a 18 meses. Los miembros del Golfo dentro de la OPEP+ no han convocado una reunión de emergencia para aumentar producción — señal de que, de momento, la estrategia es observar cómo evoluciona la situación. Una reunión extraordinaria anunciaría al mercado que los productores quieren contener los precios, lo que paradójicamente podría ser bajista para el crudo. La inacción, por ahora, es también una decisión.


El resultado práctico para el mercado es una creciente fragmentación: Europa y Japón pagan prima por el físico disponible, mientras China e India acceden a petróleo barato de Rusia e Irán en rutas paralelas. Esta bifurcación del mercado energético global es uno de los cambios estructurales más importantes de los últimos 30 años, y sus consecuencias para los precios del gas, los fertilizantes y la inflación de los próximos trimestres están lejos de estar completamente descontadas.


Reuters — 16 de abril de 2026





La energía cara complica el camino de la Fed: el trilema entre inflación, recesión y mercados



El dato de inflación de marzo, publicado el martes pasado, había ofrecido una breve bocanada de alivio. El CPI mostró desaceleración en los componentes de servicios, y el mercado reaccionó con optimismo, anticipando que la Fed podría tener espacio para uno o dos recortes antes de fin de año. Ese escenario duró exactamente seis días. El segundo cierre del Estrecho de Ormuz resetea el tablero: la energía cara llegará al CPI de abril y mayo con una virulencia que los modelos de la Fed no habían contemplado en su escenario base.


El problema para Jerome Powell y su equipo es que este nuevo shock energético no tiene la misma estructura que el de 2022. En aquel episodio, el shock fue abrupto pero el mercado laboral estaba sobrecalentado y la demanda podía absorber parte del ajuste de precios. Hoy, el mercado laboral muestra enfriamiento gradual y el consumo discrecional ya venía cediendo. Un shock energético sobre una economía que ya desaceleraba tiene un componente estanflacionario más pronunciado — exactamente el escenario que la Fed tiene más dificultad para gestionar: subir tasas para controlar la inflación de oferta implica agravar la desaceleración de la demanda.


Los mercados de tasas respondieron con rapidez. Los swaps de tasas descuentan ahora sólo 1.5 recortes para todo 2026, desde los 3 que el mercado anticipaba en enero. El rendimiento del Treasury a 10 años subió 8 puntos básicos en la sesión del viernes, y los breakevens de inflación a 5 años incorporaron 15 bps adicionales de expectativas inflacionarias. El bono largo está enviando una señal clara: el mercado no confía en que el impacto del petróleo sea transitorio esta vez.


El BCE, en Europa, enfrenta un dilema análogo pero con menos herramientas disponibles. El euro deprecia cuando sube el dólar en entornos de aversión al riesgo, lo que encarece aún más las importaciones energéticas que ya se pagan en dólares. Christine Lagarde tiene un trimestre muy complicado por delante: cualquier movimiento que haga — subir, bajar o mantener tasas — tiene costos políticos significativos en algún frente.


CNBC / MarketWatch — 18–20 de abril de 2026





El dólar en modo ofensivo: el DXY escala y los emergentes importadores de petróleo absorben el golpe doble



En los mercados de divisas, el shock geopolítico del domingo produce una topografía clara y conocida: los activos de refugio suben y los activos de riesgo caen. El dólar, el yen y el franco suizo avanzan; las divisas de mercados emergentes, especialmente las de países importadores netos de energía, absorben el impacto más severo. La mecánica es sencilla pero sus consecuencias son profundas: un dólar fuerte sobre una economía emergente que ya enfrenta energía cara equivale a un doble golpe al poder adquisitivo y a la balanza de pagos.


El EUR/USD retrocede hacia el nivel de 1.062, borrando el avance de la última semana. Técnicamente, el par se acerca a una zona de soporte crítica: una ruptura por debajo de 1.055 abriría espacio hacia la paridad en el análisis de los desks de divisas de los grandes bancos. El componente más relevante de ese movimiento no es europeo sino estadounidense — cuando el dólar se fortalece por aversión al riesgo, el euro cede casi mecánicamente como contrapartida del par más líquido del mundo.


En Asia, el yen exhibe el comportamiento que los libros de texto describen pero que no siempre se cumple en la práctica: el USD/JPY cae por debajo de 148, con el yen apreciándose como refugio clásico. El Banco de Japón lleva años intentando salir de su política de tasas ultrabajas sin generar una disrupción en el mercado de bonos doméstico, y el fortalecimiento del yen en episodios de stress externo le ofrece algo de respiro — reduce la presión inflacionaria importada que había complicado su comunicación en los últimos trimestres.


Para los lectores de Capitaria cuyo principal campo de operación es el mercado local, el peso chileno merece atención. Chile enfrenta una combinación contradictoria: como exportador de cobre, se beneficia parcialmente del risk-off cuando el metal industriaI cotiza con resiliencia; pero como importador de energía, sufre el dólar fuerte y el petróleo caro al mismo tiempo. El resultado neto dependerá de cómo la demanda china por cobre evolucione en el contexto de mayor incertidumbre global — y ese es precisamente el dato que el mercado no tiene todavía.


CNBC — 20 de abril de 2026




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