El bloqueo del Estrecho de Ormuz y el fracaso de negociaciones EEUU-Irán dominan los mercados globales.
- 14 abr
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Los giros de Trump sobre la guerra con Irán mantienen a los mercados en una montaña rusa sin fin
Desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, el presidente Donald Trump ha convertido los mercados financieros en el escenario de un permanente juego de nervios. El patrón se repite con una regularidad que ya no sorprende a los traders veteranos, pero que sigue generando ondas de volatilidad capaces de borrar o crear fortunas en cuestión de horas: Trump anuncia una postura extrema, los mercados reaccionan con violencia, Trump matiza o revierte, y los mercados rebotan. El ciclo completo puede ocurrir en menos de 48 horas.
El episodio más extremo ocurrió entre el 7 y el 9 de marzo. En el lapso de 72 horas, el presidente declaró primero que Irán había acordado no atacar a sus vecinos regionales; luego amenazó con la "destrucción completa" del país; y finalmente anunció que Estados Unidos podría tomar control del Estrecho de Ormuz. Simultáneamente, los países del Golfo Pérsico recortaron su producción de petróleo, lo que amplificó aun más los movimientos de precios en todas las clases de activos. Los rendimientos del Tesoro estadounidense, que habían subido junto al petróleo ante el temor inflacionario, terminaron sincronizándose con el crudo en una danza que antes era inusual: cuando el petróleo cae ante noticias de distensión, los bonos suben; cuando sube por escalada, los bo‐ nos caen también.
Lo que resulta más significativo para los analistas es la evolución del comportamiento inversor a lo largo del conflicto. Los swings del mercado ante cada declaración presidencial son ahora menores que al inicio de la gue‐ rra. El mercado está aprendiendo, con dolor, a diferenciar entre el ruido de corto plazo y los cambios de fondo. "Vamos a seguir prestando atención, pero intentando no ponernos demasiado optimistas o pesimistas ante el último titular", declaró Tim Holland, chief investment officer de Orion, capturando el sentimiento dominante.
La implicación práctica para los inversores es clara: la estrategia de no sobrecomprometerse ante ningún desarrollo puntual está siendo validada por los resultados. Quienes vendieron en pánico ante cada escalada y compraron en cada distensión han sufrido más que quienes mantuvieron sus posiciones con disciplina. El S&P 500 ya está en terreno positivo en lo que va del año, una recuperación que habría parecido imposible en los mo‐ mentos más oscuros de marzo. El mercado, por ahora, le está ganando la pulseada a la geopolítica. La pregunta que nadie puede responder con certeza es si ese equilibrio puede sostenerse si el conflicto escala a un nivel cualitativamente distinto.
Goldman Sachs bate récords en Q1 pero el mercado la castiga: la paradoja de los mejores resultados en cinco años
Goldman Sachs publicó el lunes los mejores resultados trimestrales de los últimos cinco años y el mercado respondió enviando su acción a la baja. Esta paradoja captura mejor que cualquier análisis macroeconómico el estado de ánimo de Wall Street en la primavera de 2026: los fundamentos son sólidos, pero la sombra del conflicto en Oriente Medio tiñe cualquier proyección hacia adelante con una incertidumbre que el mercado no sabe cómo valorar.
Los números del primer trimestre son, por cualquier métrica histórica, excepcionales. La ganancia neta de $5.63 mil millones representa un salto del 19% respecto al mismo período del año anterior, con un EPS de $17.55 que superó ampliamente las estimaciones de consenso de $16.47. Los ingresos totales de $17.23 mil millones —un incremento del 14%— constituyeron un récord histórico en la división de banca y mercados. El negocio de banca de inversión creció un 48% impulsado por una oleada de fusiones y adquisiciones en el primer trimestre, mientras que el trading de renta variable generó $5.3 mil millones, también un nuevo récord. En conjunto, fue el se gundo mejor trimestre en la historia del banco, superado únicamente por el Q1 de 2021 cuando el rebote post COVID catapultó los resultados a niveles extraordinarios.
Y sin embargo, la acción cerró con una caída del 1.9%. La razón no está en los números publicados sino en los que podrían no llegar. El CEO David Solomon fue explícito al reconocer que la incertidumbre generada por la guerra ya frenó el pipeline de IPOs en marzo. Dos de los debuts bursátiles más esperados de los últimos años — SpaceX y Anthropic— están en espera. Las operaciones de private equity que estaban listas para ejecutarse tam bién se pausaron.
"Con el conflicto en Medio Oriente, la actividad de IPO se desaceleró un poco, particularmente
en marzo" , reconoció Solomon.
Esta semana marcan sus resultados JPMorgan Chase, Bank of America, Citigroup y Morgan Stanley. El consenso proyecta que los seis mayores bancos de EEUU habrán generado en conjunto cerca de $42 mil millones en ganancias durante el primer trimestre, con ingresos combinados de $160 mil millones. Son cifras históricamente fuertes. Pero el mercado está mirando el segundo semestre, y ahí
la visibilidad es limitada. Si la guerra persiste, el negocio más rentable de la banca —el asesoramiento en grandes transacciones— podría enfriarse justo cuando más momentum tenía. Los analistas de HSBC advierten que una ausencia prolongada de actividad de M&A podría llevar a "una corrección brusca" en las valoraciones del sector. El resultado de Goldman es un espejo del mercado completo: excelente en el retrovisor, incierto en el parabrisas.
El software salva al S&P 500: Oracle sube 12%, el índice encadena su racha más larga desde 2023
El lunes 13 de abril marcó un hito silencioso pero significativo para los mercados estadounidenses: el S&P 500 encadenó su octava sesión consecutiva de ganancias y cerró por encima de los niveles registrados antes del inicio del conflicto con Irán el 28 de febrero. En menos de seis semanas, el índice más seguido del mundo borró completamente las pérdidas de la guerra. El motor de esa recuperación tiene nombre propio: software empresarial e inteligencia artificial.
Oracle encabezó los avances del día con una subida del 12.2%, convirtiéndose en la acción de mejor desempeño del S&P 500 en la jornada. ServiceNow avanzó más del 7% y Adobe registró su mayor incremento porcentual en un año. El ETF iShares de software tecnológico sumó un 5.4%. El Nasdaq Composite, por su parte, acumuló en nueve sesiones la mayor ganancia de puntos en toda su historia, y su racha alcista es la más larga desde 2023.
¿Qué explica este desempeño en medio de una guerra activa y con el petróleo tocando los $100? La respuesta está en un cambio de narrativa que los gestores de cartera empezaron a articular con mayor precisión en las últi mas semanas. Durante meses, el sector del software cotizó con descuento por el temor a que las herramientas de inteligencia artificial generativa desplazaran a las aplicaciones empresariales tradicionales. La corrección fue indiscriminada: cayeron tanto las empresas que serán desplazadas como las que liderarán el nuevo paradigma. Ahora, los analistas tuvieron tiempo suficiente para hacer los deberes. "Llegamos a un punto donde los analistas han tenido tiempo de mirar las empresas individuales de software y decir: me gusta esta, no me gusta aquella", explicó Scott Ladner, CIO de Horizon Investments.
Oracle y ServiceNow emergen como ganadores claros del ciclo de IA: sus contratos con hiperescaladores y su integración con modelos de lenguaje los posicionan como infraestructura crítica del nuevo entorno computacional. Adobe también encontró su narrativa: en lugar de ser víctima de la IA generativa, está siendo percibida como una plataforma que la monetiza en favor de sus clientes creativos. Este rerating sectorial es más estructural que táctico. El petróleo subió un 4.37% en la misma jornada y el Brent físico en Europa llegó a los $150 por barril en contratos de entrega inmediata — y aun así las acciones de software avanzaron. Ese desacoplamiento entre energía y tecnología es la señal más poderosa de que los mercados están digiriendo el shock geopolítico con una resiliencia inusual.
Arabia Saudita presiona a EEUU para levantar el bloqueo: el peligro de un segundo estrecho cerrado
En la noticia geopolítica más importante del día —y posiblemente de la semana— el WSJ reveló en exclusiva que Arabia Saudita está presionando activamente a la administración Trump para que levante el bloqueo del Estrecho de Ormuz. La razón no es solidaridad con Irán ni oposición a la política estadounidense: es miedo. Miedo a que Irán responda escalando el conflicto hacia un segundo punto de estrangulamiento global: el Bab al-Mandeb.
El Bab al-Mandeb, cuyo nombre en árabe significa literalmente "Puerta de las Lágrimas", es el estrecho que conecta el Mar Rojo con el Océano Índico, y a través de él con el Canal de Suez. Es la arteria que enlaza Asia con Europa para gran parte del comercio marítimo global. Y es, crucialmente, la ruta alternativa que Arabia Saudita construyó para exportar su petróleo luego de que Irán bloqueara el Estrecho de Ormuz al inicio de la guerra. El reino ha invertido en oleoductos que atraviesan el desierto hasta el Mar Rojo precisamente para esquivar el Estrecho — y actualmente exporta alrededor de 7 millones de barriles diarios por esa vía.
El problema es que los aliados houthis de Irán en Yemen controlan un largo tramo de costa en las proximidades del Bab al-Mandeb. Y ya demostraron durante la guerra de Gaza que tienen capacidad real para disrumpir esa ruta con misiles, drones y ataques a embarcaciones. Fuentes árabes citadas por el WSJ indican que Irán está presionando a los Houthis para que cierren el chokepoint. La agencia de noticias iraní Tasnim, cercana a los Guardianes de la Revolución, ya advirtió públicamente que un bloqueo de EEUU podría llevar al cierre del Mar Rojo.
Si eso ocurriera, el impacto sobre los precios del petróleo físico sería de una magnitud difícil de calcular. Actualmente, los cargamentos físicos de crudo para entrega inmediata en Europa ya cotizan cerca de $150 por barril — a pesar de que los futuros se mantienen más bajos porque el mercado asume que la situación es transitoria. Un cierre simultáneo del Estrecho de Ormuz y el Bab al-Mandeb eliminaría las rutas de escape disponibles para el petróleo del Golfo Pérsico y podría llevar los precios a niveles sin precedente en tiempos de paz. La buena noticia: pese a las posturas públicas intransigentes de ambos lados, fuentes regionales indican que tanto Washington como Teherán están explorando canales de mediación. Hay grieta en el muro.
La guerra con Irán como arma del dólar: por qué el petrodólar está contraatacando a China
El argumento más audaz y contrarian de la semana llega desde las páginas de opinión del WSJ, en un análisis de Diana Choyleva, fundadora de Enodo Economics. Su tesis central: mientras el consenso del mercado debate si la guerra con Irán acelera la decadencia del dólar como moneda de reserva global, la realidad estratégica apunta exactamente en la dirección opuesta. Estados Unidos no está perdiendo la guerra del petrodólar. La está ganando.
Para entender la tesis hay que entender primero la amenaza que existía antes del conflicto. Durante años, China construyó pacientemente la infraestructura necesaria para desplazar al dólar del corazón del sistema energético global. No se trataba de un ataque frontal sino de erosión estructural: la plataforma mBridge para liquidar transacciones entre bancos centrales sin pasar por el sistema SWIFT ni el dólar; corredores de liquidación en yuanes con productores del Golfo; y deepening de lazos financieros y tecnológicos con Arabia Saudita, Emiratos y otros países clave. El objetivo era que suficiente volumen de petróleo se pagara en yuanes para crear un sistema alternativo auto-sostenible. Era una amenaza real y creciente.
La guerra con Irán interrumpió ese proyecto de manera abrupta. Los países del Golfo, que habían estado cortejando a Beijing como contrapeso a Washington, volvieron a necesitar el paraguas de seguridad militar de EEUU. Cuando la prueba llegó —cuando la seguridad de sus exportaciones energéticas estuvo en juego real— buscaron a la única potencia con capacidad de proyección de fuerza en el Golfo Pérsico. China no tiene esa capacidad. El compromiso de seguridad estadounidense fue puesto a prueba y resistió. El precio político fue la renovación del alineamiento del Golfo con Washington.
A eso Choyleva suma lo que llama la "otra mandíbula de la pinza estratégica": la presión de EEUU sobre Venezuela. Con la caída de Maduro y la reafirmación de influencia norteamericana sobre las reservas venezolanas —las mayores del mundo en petróleo convencional— Washington se posiciona como el árbitro del mayor bloque de reservas petrolíferas del hemisferio occidental. Combinado con el control del Estrecho de Ormuz, EEUU estaría construyendo una posición de dominio sobre los flujos de petróleo global que haría redundante cualquier intento de crear un sistema alternativo de pagos: si controlas el petróleo, controlas en qué moneda se paga. La conclusión es provocadora pero rigurosa: quienes proclaman el fin del petrodólar están leyendo el mapa al revés. El dólar no está muriendo. Está en modo ofensivo.
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