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Petróleo sobre los $100, dólar fuerte y un mercado que espera definición

  • hace 20 horas
  • 8 Min. de lectura

Los mercados globales están siendo dominados por un solo factor: la energía. Con el petróleo nuevamente por sobre los 100 dólares, la presión inflacionaria vuelve al centro de la escena, condicionando las decisiones de los bancos centrales y el comportamiento de los activos.


El dólar se fortalece como refugio, el oro enfrenta dificultades para recuperar impulso y Bitcoin se mantiene en un rango lateral a la espera de un catalizador. Al mismo tiempo, el impacto del encarecimiento energético comienza a expandirse hacia otros sectores, generando un efecto en cadena que podría definir la dirección de la economía global en los próximos meses.



Petróleo sobre US$100: alerta global


El petróleo volvió a superar niveles críticos, con el WTI por encima de los 100 dólares y el Brent sobre los 108 dólares por barril. Desde el inicio del conflicto, el alza acumulada ya ronda el 50%, reflejando la magnitud del impacto que está teniendo la situación geopolítica en los mercados energéticos.


El principal motor de esta subida es la percepción de que la guerra se está prolongando más de lo esperado. A esto se suma el creciente riesgo sobre el suministro, ante la posible intervención de aliados en la región, como los hutíes, y las amenazas sobre rutas clave como el Estrecho de Ormuz. La mayor presencia militar y las advertencias de represalias también han elevado el nivel de tensión, reforzando el temor a interrupciones en el flujo de petróleo.


El impacto de un petróleo caro es transversal a toda la economía global. Aumenta la inflación, encarece el transporte y eleva los costos de la energía, lo que termina afectando tanto a empresas como a consumidores. En este contexto, crece el riesgo de una desaceleración económica más marcada e incluso de una eventual recesión si la situación se mantiene en el tiempo.


Frente a este escenario, varios gobiernos han comenzado a tomar medidas para contener el impacto. En Estados Unidos se han implementado reducciones de impuestos a la gasolina, en Reino Unido se han anunciado subsidios para calefacción y en países como China, Japón y Hungría se han aplicado controles de precios. Si bien estas medidas ayudan a aliviar el corto plazo, también generan presión sobre las finanzas públicas.


El principal riesgo hacia adelante es la duración de la crisis. Mientras más se extienda el conflicto, mayor será la necesidad de intervención estatal, más intensa la presión económica y más alto el riesgo de que el impacto termine escalando hacia una crisis de mayor magnitud.


Sumado a esto, el mercado comienza a internalizar escenarios más extremos para el precio del petróleo. Según estimaciones de Société Générale, el crudo podría promediar cerca de 125 dólares en abril y, en un escenario de mayor tensión, alcanzar picos de hasta 150 dólares. Aunque no es el escenario base, sí se considera una posibilidad real en el contexto actual.


Detrás de estas proyecciones está el deterioro del entorno geopolítico. El riesgo no se limita solo al Estrecho de Ormuz, sino que también se extiende a otras rutas clave como Bab el-Mandeb. Si estas vías se ven afectadas o bloqueadas, el impacto sobre el suministro global sería inmediato. A esto se suma una guerra sin señales claras de resolución, con ataques que continúan y negociaciones que no avanzan, lo que lleva al mercado a asumir que el conflicto podría extenderse más de lo esperado.


Otro factor clave es la oferta limitada. Hay menos petróleo disponible y, además, el que sí puede producirse enfrenta mayores costos logísticos y de transporte. Esta combinación genera una presión estructural al alza en los precios, que podría intensificarse si la situación empeora.


Incluso en un escenario donde el conflicto se desescale, el mercado energético no se normalizaría de inmediato. La recuperación del sistema es lenta: requiere revisiones de seguridad, reactivación gradual de la producción, solución de cuellos de botella logísticos y puesta en marcha de refinerías. Por eso, los precios podrían mantenerse elevados durante un tiempo incluso después de una eventual mejora en el contexto.


Hoy el mercado maneja dos escenarios principales. El escenario base considera que la crisis logra contenerse y que el petróleo podría volver hacia los 80 dólares hacia fin de año. Sin embargo, el escenario de riesgo contempla una escalada del conflicto o bloqueos en rutas estratégicas, lo que podría llevar el precio hacia los 150 dólares.


La importancia de este escenario es enorme, ya que el petróleo se ha convertido en el principal driver del mercado. Un crudo elevado impulsa la inflación, obliga a mantener tasas altas por más tiempo y afecta el crecimiento económico global. En este contexto, la evolución del precio del petróleo será clave para definir la dirección de los mercados.



Dólar fuerte ahora… pero con posible giro después


El dólar está mostrando fortaleza en el corto plazo, con el índice DXY moviéndose en la zona de 100–102. Este movimiento ha sido impulsado principalmente por el contexto global, donde la combinación de energía cara y tensiones geopolíticas ha favorecido la demanda por la divisa estadounidense.


Uno de los factores clave es el alza del petróleo, que genera presiones inflacionarias y, en el caso de Estados Unidos, también puede ser visto como positivo al ser un exportador relevante de energía. A esto se suma el clásico comportamiento de refugio: en momentos de incertidumbre o conflicto, los inversionistas tienden a moverse hacia activos más seguros, y el dólar suele ser uno de los principales beneficiados.


Sin embargo, algunos analistas comienzan a advertir que esta fortaleza podría no ser permanente. Según Morgan Stanley, el mercado eventualmente cambiaría su foco desde la inflación hacia el crecimiento económico. En ese escenario, si la actividad comienza a debilitarse, el dólar podría perder impulso, dando paso a una corrección en los próximos meses.


En línea con esto, la estrategia que algunos están adoptando es vender el dólar en las subidas, en lugar de comprarlo en caídas, lo que sugiere que se estaría formando un techo en niveles actuales. Es una señal relevante sobre cómo el mercado institucional está posicionándose frente al escenario futuro.


En cuanto a otras monedas, el yen japonés se mantiene muy débil, aunque con riesgos acotados a nuevas caídas, ya que las autoridades de Japón han dejado abierta la posibilidad de intervenir para frenar su depreciación. Por su parte, el euro continúa debilitándose frente al dólar, incluso en un contexto donde la inflación en Alemania ha subido a 2,8%. Aunque el mercado anticipa posibles ajustes de tasas por parte del Banco Central Europeo, la fortaleza global del dólar sigue predominando por ahora.



Bitcoin “aburrido”: por qué no se mueve


Bitcoin lleva varias semanas moviéndose en un rango relativamente estrecho, entre los 65.000 y 75.000 dólares. No ha logrado romper al alza con fuerza, pero tampoco ha tenido caídas relevantes, lo que refleja un mercado lateral donde no hay una tendencia clara en el corto plazo.


Esta estabilidad se explica por un equilibrio entre fuerzas opuestas. Por un lado, hay factores que empujan el precio hacia arriba, como su rol potencial como activo refugio en medio del conflicto geopolítico y el interés institucional que sigue presente. Pero, al mismo tiempo, existen elementos que limitan su avance, como las tasas de interés elevadas —que hacen más atractivos activos como los bonos— y la fortaleza del dólar, que tiende a presionar a los activos de riesgo.


Más allá de estos factores visibles, hay un elemento técnico clave que está influyendo en el comportamiento del precio: el mercado de opciones. Muchos inversionistas están vendiendo opciones de compra (calls) para generar ingresos a través de las primas. En términos simples, es como vender entradas anticipadas: reciben un pago hoy y, si el precio no sube demasiado, se quedan con ese ingreso.


Este tipo de estrategia tiene un efecto directo en el mercado. Los intermediarios (market makers) terminan ajustando sus posiciones de forma que compran cuando el precio baja y venden cuando sube, lo que genera un efecto de “aplanamiento” del precio. En otras palabras, reducen los movimientos extremos y mantienen a Bitcoin dentro de un rango.


El resultado es un mercado con menor volatilidad y menos impulsos direccionales claros. De hecho, indicadores como la volatilidad implícita han caído a niveles cercanos a 56%, lo que contrasta con la alta inestabilidad que se observa en otros activos. En este contexto, Bitcoin parece estar “calmado” de forma artificial, a la espera de un catalizador que rompa este equilibrio.



Efecto dominó: cómo el bloqueo de Ormuz golpea otros mercados


El impacto del conflicto en el Estrecho de Ormuz va mucho más allá del petróleo. No se trata solo de energía, sino de toda la cadena global de producción. Cuando suben los costos energéticos y se bloquean rutas clave, el efecto se transmite a múltiples industrias, afectando alimentos, manufactura, tecnología y consumo.


Uno de los primeros sectores afectados es el de fertilizantes. La producción depende fuertemente del gas natural, por lo que una menor disponibilidad o mayores precios elevan los costos. En este contexto, la urea ha subido cerca de un 50%, lo que puede traducirse en menor producción agrícola y, eventualmente, en un aumento en los precios de los alimentos. Algunas empresas del sector, como CF Industries Holdings, se ven beneficiadas por este escenario.


En el ámbito industrial, el aluminio también enfrenta presiones. La paralización de producción en Qatar ha impulsado los precios cerca de un 5%, afectando sectores como el automotriz, la fabricación de envases y la construcción. Además, el déficit global en este metal no es fácil de revertir, lo que prolonga el impacto.


Un punto menos evidente, pero crítico, es el helio. Qatar produce cerca del 35% del suministro mundial, y cualquier interrupción puede afectar industrias clave como la de semiconductores y el sector médico, especialmente en equipos como resonancias magnéticas. Esto conecta directamente con el desarrollo tecnológico y la expansión de la inteligencia artificial.


En paralelo, el encarecimiento de materias primas como la nafta y el etano está presionando a la industria de plásticos. Empresas como LyondellBasell y Dow ya están trasladando estos mayores costos a los precios finales, lo que termina impactando directamente al consumidor.


Incluso sectores como el textil comienzan a verse afectados. Con plásticos más caros, algunas industrias están migrando hacia alternativas como el algodón, lo que incrementa su demanda y comienza a empujar sus precios al alza. Este movimiento ya está siendo anticipado por inversionistas institucionales.


En conjunto, se configura un patrón claro: el alza en petróleo y gas eleva los costos de producción y transporte, reduce la oferta en distintos sectores y termina presionando los precios finales. Es un efecto en cadena que demuestra cómo un shock energético puede propagarse rápidamente a toda la economía global.



Oro intenta rebotar… pero no logra despegar


El oro muestra un leve repunte cercano al 0,9%, aunque sigue bajo presión tras una caída acumulada superior al 13% en lo que va del mes. A pesar del contexto de incertidumbre global, el metal no ha logrado recuperar un impulso sólido, lo que ha sorprendido a parte del mercado.


La principal razón es el impacto de la energía en la inflación. Con el petróleo —especialmente el Brent— por sobre los 115 dólares, aumentan las presiones inflacionarias, lo que obliga a los bancos centrales a mantener una postura restrictiva por más tiempo. En este escenario, las tasas de interés altas se convierten en un factor clave que limita el atractivo del oro.


A diferencia de otros activos, el oro no genera rendimiento, por lo que cuando las tasas están elevadas, los inversionistas tienden a preferir instrumentos como bonos o incluso el dólar. Esto genera un “techo” para el precio del metal, que dificulta movimientos alcistas más sostenidos.


A esto se suma la fortaleza del dólar, que encarece el oro para inversionistas fuera de Estados Unidos, reduciendo su demanda global. Además, se ha observado una salida de flujos desde los ETF ligados al oro, lo que añade presión vendedora y explica en parte la magnitud de la caída reciente.


Pese a este contexto, el leve rebote actual se explica por compras oportunistas y un ajuste técnico tras la fuerte caída previa. Sin embargo, mientras se mantengan las tasas altas, un dólar fuerte y presiones inflacionarias derivadas de la energía, el oro seguirá enfrentando dificultades para despegar con fuerza.

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